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Compartir está de moda. Lo hacemos en todas partes y cada vez más. Compartimos de todo: experiencias, sentimientos, fotografías, música, problemas, quejas… hasta compartimos los estados de los demás. Y esta realidad, esta forma de comportamiento que ya es parte inherente de nuestras vidas, es el eje de la última campaña de Oreo en Estados Unidos ¿Os habés planteado alguna vez cómo puede afectar a alguien lo que compartimos?
La campaña Wonderfilled sugiere que al compartir (y consumir) una Oreo, lo que transmites y, por ende repartes, es positivo. En consecuencia, este simple gesto que realizamos todos los días casi sin darnos cuenta, puede resultar realmente útil e incluso favorecer auténticos cambios en la vida de los demás.
En el caso del lobo feroz, en lugar de comerse a los tres cerditos, les ayudaría a poner el parquet al lado de la piscina, se tomaría algo con ellos tumbado en una hamaca, celebraría la inauguración de la nueva decoración… todos compartirían espacio como buenos vecinos. Ningún sentimiento negativo. Azúcar total.
Y… ¿qué le pasaría a un vampiro si se cruspiera una Oreo? Pues está claro: ya no le interesaría la sangre. Se pasaría a la leche y se la bebería con su ‘víctima’, con la que bailaría hasta no poder más. Agudo. Meloso pero perspicaz.
¿Y te imaginas la reacción de un feroz tiburón a punto de comerse unas inofensivas foquitas después de haber consumido la Oreo que le ha pasado el vampiro? Pues nada, superamigos… preferiría el hambre a la muerte, apostaría por la amistad. Y el calamar, que pasaría felizmente por allí, les daría a todos un abrazo interminable, eso sí cargado de edulcorante.
Oreo es azúcar que te hace sentir bien y que, compartido, provoca tremendos efluvios de felicidad incluso a los seres más oscuros. Pero también es una galleta centenaria que, según he leído, es la más vendida del siglo 21, con ingresos anuales globales de más de 2.000 millones de dólares, casi nada.
La marca integra diferentes piezas en la campaña, que llegarán al público mediante diversos medios: televisión, radio, redes sociales, digital, publicidad en cines y acciones de relaciones públicas.
En el canal de Oreo en YouTube, el vídeo de 90 segundos se ha reproducido en más de 80.000 ocasiones en menos de 2 días y la versión más corta (30 segundos) 37.000. Además la marca utiliza otras plataformas sociales como Instagram o Twitter, donde a través del hashtag #wonderfilled, podemos compartir todo tipo de información relativa a la campaña (como, por ejemplo, vídeos de Vine del evento que ha tenido lugar hoy mismo en New York, en el que un grupo de personas cantan a capella la canción de la campaña de Oreo).
El día en que se publicó el vídeo en el muro de Oreo en Facebook (donde se reúnen 33 millones de fans) consiguió más de 7.000 ‘me gusta’ y se compartió más de 3.000 veces.
La campaña me gusta: la positiva música de Adam Young (que se engancha irremediablemenete), el color, los dibujos, el buen rollo que desprende, el mensaje que transmite… pero, como consumidora, no me acaba de convencer. Seguiré comprando Oreo por precio (cuando esté de oferta) porque yo no formo parte del público objetivo de la campaña: ni soy estadounidense, ni flipo con Owl City, ni creo en los milagros. Eso sí, cuando me como una Oreo sé muy bien cómo hacerlo (girar para abrir, lamer y comer… en algunos casos mojándola después en leche).
¿Sabes ya con quién compartirás tu Oreo?

